Cuando pensamos en playa, lo que menos pensamos es que si es un destino sostenible o no. Es más, inmediatamente lo asociamos a un turismo lo menos sostenible que pudiese existir. Pensamos en los edificios, rascacielos, playa atiborradas de personas; pero también existen las playas en donde los edificios no son más altos que la palmera que se encuentra en la costanera, y en donde, la población local tiene un papel fundamental en el desarrollo de este destino.
Pero un destino de playa no es fácil transformarlo en sostenible ya que muchos destinos se encuentran con daños irreversibles y donde la mitigación de impacto es costosa y duradera.
Si analizamos el turismo de playa desde los pilares de sostenibilidad podemos decir que desde el punto de vista económico, nos encontramos con un negocio altamente rentable y, que para ello las cadenas participantes; agencias, tour operadores, hoteles, aerolíneas; desde el país de origen colaboren con el destino final, que se comprometan con responsabilidad social empresarial a devolver de alguna forma lo que ellas ganas por vender esos destinos que no se encuentran en su país o bien, asegurarse que el destino y los integrantes de éstos cuenten solamente con trabajadores de ese destino y no con mano de obra de afuera.
Desde el punto de vista social, para que sea un desarrollo sostenible debería contar solo con mano de obra local, tanto en trabajos directos como indirectos; así mismo participando en espectáculos de recreación de la cultura del destino o souvenir local.
Por último desde el punto de vista medio ambiental, no solamente se deben preocupar del impacto que produce la construcción de un hotel, sino también desde el diseño arquitectónico y paisajístico del lugar, la protección que se le otorga al patrimonio natural y cultural, trabajar acorde las ordenanzas locales que minimizan este tipo de impacto, realizar un inventario de los recursos existentes además, de considerar un estudio adecuado y acabado de la capacidad de carga que tiene el destino y principalmente la playa.
Por lo tanto el pensar en un destino de sol, playa y mar que sea sostenible ya no es una utopía, sino al contrario, es un destino que se vende mucho más porque el visitante se encuentra con un destino amigable con el medio y sus vacaciones son mucho más placenteras por encontrarse en un destino en donde tiene su espacio sin andar chocando con otro visitante.
Es por ese espacio, diseño y destino amigable que el visitante está dispuesta a cancelar un precio más elevado en términos de servicio y que vale la pena reestructurar o construir destinos así a la orilla de la playa.

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